{"id":657,"date":"2024-04-05T19:42:07","date_gmt":"2024-04-05T19:42:07","guid":{"rendered":"https:\/\/lugardemarmolejo.es\/?page_id=657"},"modified":"2024-04-05T19:42:43","modified_gmt":"2024-04-05T19:42:43","slug":"657-2","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/lugardemarmolejo.es\/?page_id=657","title":{"rendered":"Nuestros rios"},"content":{"rendered":"\n<h1 class=\"wp-block-heading\"><\/h1>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">-Javier Perales Sol\u00eds-<\/h4>\n\n\n\n<p>Los r\u00edos son como las personas\u2026.., nacen, crecen, son \u00fatiles a las sociedades de su entorno y mueren; generan vida y riqueza, pero a veces tambi\u00e9n desolaci\u00f3n.<br>Se equivocan quienes hablan de la \u201cVilla del Agua\u201d pensando \u00fanicamente en su balneario. \u00a1Son sus r\u00edos!, nuestros r\u00edos y arroyos, los verdaderos art\u00edfices de la orograf\u00eda de &nbsp;este vergel donde habitamos que nos hace privilegiados. Nuestro T\u00e9rmino Municipal, pr\u00f3digo en cauces fluviales, hacia oriente J\u00e1ndula, Yeguas a occidente y el gran Guadalquivir que lo atraviesa de Este a Oeste a los pies de Sierra Morena, cual flecha de Cupido, &nbsp;enamora el coraz\u00f3n de quien llega a conocerlo.<br>Habitualmente miramos al r\u00edo desde alg\u00fan punto del paisaje que lo envuelve, pero\u2026\u2026 \u00bf y el paisaje mirado desde el r\u00edo ?.<br>Afortunadamente mantenemos una vieja afici\u00f3n de juventud que hemos retomado con cierta intensidad este verano el amigo Juan y yo, el pirag\u00fcismo, no exenta de riesgo, pero que con la adecuada precauci\u00f3n y la experiencia acumulada, nos abre las puertas de un mundo apasionante que nos da respuesta a la anterior pregunta.<br>&nbsp;Desde los espacios abiertos del embalse del Yeguas, una inmensa llanura de agua tranquila, aunque a veces el viento la enfurece; con sus innumerables brazos que te adentran en lugares rec\u00f3nditos de dif\u00edcil acceso terrestre y te obsequian con in\u00e9ditas im\u00e1genes del paisaje y sus elementos\u2026, al Guadalquivir, el gran r\u00edo cuyo cauce transcurre entre frondosa ribera de juncos, aneas, mimbreras, \u00e1lamos y tupidas choperas que te a\u00edslan del exterior a la vez que te ense\u00f1a el rastro de la intensa actividad humana aleda\u00f1a que ha propiciado a trav\u00e9s de los tiempos y sigue haci\u00e9ndolo en la actualidad.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u200b<\/p>\n\n\n\n<p>\u200b&nbsp;Recuerdo la instant\u00e1nea de las \u201cPrensas\u201d vistas desde el arroyo \u201cMosquil\u201d a la ca\u00edda de la tarde, &nbsp;el r\u00edo que antes de la construcci\u00f3n de la presa quedaba distante, hoy se acerca silencioso por ese barranco como queriendo regar su antigua huerta y volver a llenar de vida esa joya perdida del siglo XIX tallada en la piedra molinaza que da color a estos terrenos; o la incursi\u00f3n por el ramal del \u201cFresneoso\u201d hasta meternos debajo de las \u201cLabradillas\u201d, un caser\u00f3n imponente encaramado en la cima de un picacho con unas &nbsp;vistas de ensue\u00f1o, hasta all\u00ed subimos pues nuestras embarcaciones nos permiten atracar en cualquier lugar de la orilla e inspeccionar el terreno a pi\u00e9. Atra\u00eddos por su peculiar ubicaci\u00f3n ya adivin\u00e1bamos la fabulosa panor\u00e1mica que \u00edbamos a presenciar, lo que no esper\u00e1bamos era encontrarnos con inquilinos, un galgo y una perra no se de que raza, que nos recibieron amablemente, aunque creo que la sorpresa fue mutua pues ellos tampoco esperaban la visita de dos individuos que de repente aparecieron de entre las aguas del pantano, tal fue as\u00ed, que la perra de manera discreta y guardando las distancias nos acompa\u00f1o en nuestra partida hasta la orilla, all\u00ed qued\u00f3 absorta e inm\u00f3vil viendo como nos sub\u00edamos en unos extra\u00f1os veh\u00edculos alargados y silenciosos que poco a poco y ya entre dos luces nos alejaron del lugar.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignleft is-resized\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/static.wixstatic.com\/media\/7e23fc_a8e0f3c31c534ec3af66df83a0569b4e~mv2_d_3968_2240_s_2.jpg\/v1\/fill\/w_539,h_306,al_c,q_80,usm_0.66_1.00_0.01,enc_auto\/1.jpg\" alt=\"1.jpg\" style=\"width:462px;height:auto\"\/><\/figure>\n<\/div>\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignleft is-resized\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/static.wixstatic.com\/media\/7e23fc_a33b490b614645b8ac837cdc20d3f33d~mv2_d_3072_2304_s_2.jpg\/v1\/fill\/w_409,h_306,al_c,q_80,usm_0.66_1.00_0.01,enc_auto\/2.jpg\" alt=\"2.jpg\" style=\"width:350px;height:auto\"\/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Las abundantes lluvias primaverales ca\u00eddas sobre las miles de hect\u00e1reas que drenan por esta cuenca desde la lejana Sierra Madrona, conducidas por un laberinto &nbsp;de riachuelos y arroyos &nbsp;hasta este embalse, han elevado sustancialmente el nivel de sus aguas, no solo &nbsp;para alegr\u00eda de los agricultores r\u00edo abajo que podr\u00e1n seguir regando sus campos, sino tambi\u00e9n para la nuestra que hemos podido navegar bastantes kil\u00f3metros rio arriba hasta la desembocadura del \u201cCabrera\u201d, que baja entre los bosques de pinos del \u201cLugar Nuevo\u201d. All\u00ed, el Yeguas, vuelve a ser aquel r\u00edo que recordamos de nuestra infancia y juventud, caudaloso en tiempos lluviosos, pero que acusa tremendamente las largas sequ\u00edas estivales quedando su cauce arenoso seco, con algunos charcos o \u201cmadres\u201d a manera de oasis, peque\u00f1as \u201cplayas\u201d domingueras donde &nbsp;nos ba\u00f1\u00e1bamos y pas\u00e1bamos aquellos calurosos d\u00edas a la sombra de alg\u00fan taraje o \u00e1lamo de ribera, a falta de chiringuitos.<br>La traves\u00eda merece la pena\u2026., entrar en la ensenada de \u201cValdeleches\u201d y perderte en aquel rinc\u00f3n oculto bajo una umbr\u00eda de tupido bosque de encinas, encarar la cola de las \u201cMorenas\u201d y deslizarnos hasta su misma base, bajo la mirada at\u00f3nita de alg\u00fan que otro ciervo que baja a saciar su sed, estar all\u00ed al pie de esos cerros legendarios que siempre han marcado el norte de nuestro T\u00e9rmino Municipal suspendidos sobre las aguas, es como encontrar tambi\u00e9n el \u201cNorte\u201d de nuestras vidas.<br>Dejamos atr\u00e1s en la margen izquierda las casas de \u201cPozas Viejas\u201d, construidas con piedra de granito abundante en el lugar y a salvo por su lejan\u00eda y complicado acceso, del vergonzoso expolio sufrido por tantos &nbsp;cortijos y caser\u00edas; &nbsp;han aguantado&nbsp;como testigos inm\u00f3viles y silenciosos de la vida en otros tiempos de dif\u00edcil supervivencia, &nbsp;el paso de tantos a\u00f1os de soledad desde el \u00e9xodo de sus \u00faltimos moradores.<br>A medida que avanzamos el r\u00edo estrecha, la presencia de rocas y piedras que emergen de las aguas colmadas por tortugas que apaciblemente toman el sol &nbsp; vi\u00e9ndose sorprendidas por nuestra repentina presencia, nos hace pensar que detr\u00e1s de la pr\u00f3xima curva puede estar el final y\u2026\u2026\u2026..efectivamente, frente a nosotros el fin de las aguas, un casquero de cantos rodados aflora; un pronunciado desnivel en el terreno da continuidad a un cauce seco, entrecortado, con algunas lagunas sin corriente esperando de nuevo la lluvias oto\u00f1ales.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignleft is-resized\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/static.wixstatic.com\/media\/7e23fc_30f7a54b212d4b0fb06b9cb22fba319c~mv2_d_2448_3264_s_4_2.jpg\/v1\/fill\/w_324,h_432,al_c,q_80,usm_0.66_1.00_0.01,enc_auto\/4.jpg\" alt=\"4.jpg\" style=\"width:292px;height:auto\"\/><\/figure>\n<\/div>\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignleft is-resized\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/static.wixstatic.com\/media\/7e23fc_a7111ed54fda4aecaf496214ba6f18f3~mv2_d_3072_2304_s_2.jpg\/v1\/fill\/w_579,h_432,al_c,q_80,usm_0.66_1.00_0.01,enc_auto\/3.jpg\" alt=\"3.jpg\" style=\"width:519px;height:auto\"\/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s de dos horas de navegaci\u00f3n paleando a lo largo de unos doce kil\u00f3metros nos han tra\u00eddo hasta aqu\u00ed, ahora ilusionados y satisfechos volvemos a \u201cLa Campana\u201d, el punto de partida. En nuestras mentes el pr\u00f3ximo objetivo, el Guadalquivir, en busca de la desembocadura del J\u00e1ndula. Pesa el cansancio y el dolor de brazos pero la euforia y el entusiasmo por lo vivido compensan sobradamente.<br>Como he comentado antes, el Guadalquivir discurre entre riberas de vegetaci\u00f3n exuberante que hacen complicado acceder a \u00e9l para embarcar, la presa de Marmolejo, \u201cel Agrom\u00e1n\u201d como popularmente se conoce el paraje en nuestro pueblo, genera un remanso de agua que le da anchura al cauce y permite navegar r\u00edo arriba un par de kil\u00f3metros sin notar excesivamente el efecto de la corriente.<br>Una tarde dando un paseo por el camino de la \u201cPiedra del \u00c1guila\u201d, buscando embarcadero observamos un punto en la orilla cercano al arroyo \u201cComisario\u201d que utilizan los aficionados a la pesca para ejercer dicha actividad y lo mantienen limpio de malezas e incluso con una veredita de acceso desde el camino; cuando nos acercamos y lo inspeccionamos inmediatamente comprendimos que era el lugar id\u00f3neo para emprender una nueva singladura despu\u00e9s de m\u00e1s de treinta a\u00f1os de habernos iniciado en la pr\u00e1ctica de este deporte &nbsp;precisamente aqu\u00ed, en este tramo de r\u00edo, con una vieja canoa de fabricaci\u00f3n casera de quilla y cuadernas de madera y casco de lona impermeabilizada con alguna brea o pintura.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bLa ma\u00f1ana del quince de agosto bien temprano \u201cnos hicimos al r\u00edo\u201d y emprendimos la ruta fluvial con el \u00e1nimo de rememorar viejos tiempos; en la memoria todav\u00eda la imagen de aquellos lugares que entonces nos situaban y marcaban la distancia recorrida, pronto empezamos a notar que al paisaje que ten\u00edamos delante le faltaban algunos de esos elementos que estaban en la foto de nuestra memoria, hasta el punto de dudar de ella, no puede ser, coment\u00e1bamos entre nosotros, ya deb\u00edamos de haber llegado al embarcadero de \u201cValparroso\u201d y estar viendo la casa del barquero de la antigua barcaza de maroma que anta\u00f1o atravesaba por aqu\u00ed, cierto es que la barcaza ya no exist\u00eda en aquellos a\u00f1os de primeros de los ochenta, pero si esos dos elemento que acabo de nombrar, precisamente en aqu\u00e9l embarcadero echamos al agua la primera vez aquella vieja canoa que he comentado, despu\u00e9s hubo muchas m\u00e1s.<br>Lo mismo nos ocurri\u00f3 m\u00e1s adelante con los tubos que atravesaban de la anterior acometida del agua potable que la tra\u00edan desde el J\u00e1ndula a Marmolejo, hoy tambi\u00e9n desaparecidos, al igual que la vieja presa de \u201cBatanes\u201d que por entonces alguna parte de su estructura se dejaba ver sobre las aguas. Con la p\u00e9rdida de dichas referencias no termin\u00e1bamos de situarnos, tan solo en los tramos donde la orograf\u00eda del terreno mantiene cotas que sobresalen por encima de la arboleda selv\u00e1tica que crece en las orillas pod\u00edamos tener alg\u00fan contacto visual con el paisaje exterior y tratar de ubicarnos, a la izquierda mir\u00e1bamos hacia arriba y ve\u00edamos \u201cTorremayor\u201d, aqu\u00ed el r\u00edo se acerca tanto a la sierra que su orilla es muy escarpada; a la derecha siempre presentes los altos de las \u201cTorrecillas\u201d, hasta llegar a la casa de m\u00e1quinas de la tristemente extinta comunidad de regantes que hac\u00eda f\u00e9rtiles sus tierras y las de toda la meseta marmoleje\u00f1a. Precisamente en este punto aparece un elemento nuevo en el paisaje que la espesa arboleda apenas nos deja ver, a primera vista parece un viejo torre\u00f3n medieval, pero no, en realidad se trata de alguien que queri\u00e9ndose asomar al r\u00edo ha construido una torre almenada m\u00e1s alta que la arboleda.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignleft is-resized\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/static.wixstatic.com\/media\/7e23fc_dba593c1e5374b64b97aaa1633117d1e~mv2_d_3072_2304_s_2.jpg\/v1\/fill\/w_403,h_303,al_c,q_80,usm_0.66_1.00_0.01,enc_auto\/5.jpg\" alt=\"5.jpg\" style=\"width:423px;height:auto\"\/><\/figure>\n<\/div>\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignleft is-resized\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/static.wixstatic.com\/media\/7e23fc_037699ece6124531ba116cd5efa6e477~mv2_d_3072_2304_s_2.jpg\/v1\/fill\/w_406,h_306,al_c,q_80,usm_0.66_1.00_0.01,enc_auto\/6.jpg\" alt=\"6.jpg\" style=\"width:423px;height:auto\"\/><\/figure>\n<\/div>\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignleft is-resized\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/static.wixstatic.com\/media\/7e23fc_38f7788d323c47ad80574d255142608f~mv2_d_3072_2304_s_2.jpg\/v1\/fill\/w_407,h_304,al_c,q_80,usm_0.66_1.00_0.01,enc_auto\/7.jpg\" alt=\"7.jpg\" style=\"width:424px;height:auto\"\/><\/figure>\n<\/div>\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignleft is-resized\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/static.wixstatic.com\/media\/7e23fc_192e80d4de084e42bf69382afb3c3619~mv2_d_3072_2304_s_2.jpg\/v1\/fill\/w_407,h_302,al_c,q_80,usm_0.66_1.00_0.01,enc_auto\/asfa.jpg\" alt=\"asfa.jpg\" style=\"width:425px;height:auto\"\/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>A partir de aqu\u00ed y ya sin referencias exteriores, engullidos en un cauce amaz\u00f3nico con riberas infranqueables que te a\u00edslan y te impiden parar aunque sea a estirar las piernas un momento\u2026\u2026, eso s\u00ed, acompa\u00f1ados de multitud de aves palustres que habitan este inmenso bulevar natural y te hacen amena la traves\u00eda; solo dese\u00e1bamos llegar a las isletas de \u201cVillalba\u201d, navegar por sus innumerables canales que record\u00e1bamos y adentrarnos por fin en el J\u00e1ndula. Pero vuelve a inundarnos la incertidumbre, la duda; parece que la memoria nos juega una mala pasada, por lo que intuimos hemos dejado atr\u00e1s el cortijo de \u201cVillalba\u201d, siguen apareciendo elementos nuevos en el paisaje, \u201cla mota\u201d de tierra construida para contener las crecidas y evitar inundaciones, con las esclusas en cada desag\u00fce del terreno que dan entrada al r\u00edo de las escorrent\u00edas exteriores y evitan que salga el agua cuando el nivel del cauce sube; estamos ya junto a \u201cNavaciruelo\u201d, frente a nosotros los pilares del puente del ferrocarril Marmolejo-Puertollano que qued\u00f3 inconcluso nos vuelven a situar en un punto que record\u00e1bamos, lo que ya no ten\u00edamos tan claro es si estaba antes o despu\u00e9s de la desembocadura, pero\u2026\u2026., ante la evidencia de no haber encontrado el m\u00e1s m\u00ednimo rastro del J\u00e1ndula en el trayecto recorrido, no cabe otra, seguimos navegando.<\/p>\n\n\n\n<p>La corriente cada vez es m\u00e1s fuerte y ya vamos acumulando cansancio, no obstante hemos decidido no renunciar a nuestro objetivo, no paramos de hacernos preguntas y conjeturas, a las que nuestra memoria es incapaz de dar respuestas. El tiempo pasa y a\u00fan no hemos tomado nada para reponer fuerzas, a lo lejos observamos algo que obstaculiza y rompe la continuidad del cauce y nuestras dudas comienzan a disiparse. \u00a1Por fin!, ah\u00ed est\u00e1n las isletas comentamos alegremente a la vez que recuperamos el \u00e1nimo, pero a medida que nos acercamos al lugar se vuelve a apoderar de nosotros el des\u00e1nimo y la frustraci\u00f3n, se trata de un \u00e1rbol seco ca\u00eddo que ha retenido materiales de arrastre y ha originado un islote flotante formando un tap\u00f3n imposible de sobrepasar, tras varios intentos infructuosos con \u201cnuestro gozo en un pozo\u201d como se suele decir, contrariados y cargados de rabia decidimos retornar. Esta vez el r\u00edo nos ha vencido, pero lo peor\u2026.., nuestra memoria nos ha &nbsp;traicionado.<\/p>\n\n\n\n<p>Convencidos de no haber llegado al punto deseado, emprendemos el camino de regreso mirando hacia las orillas, pues en el furor de la b\u00fasqueda navegando contra corriente y sin injerir alimento alguno en toda la ma\u00f1ana, no hemos deparado en el desgaste f\u00edsico al que ahora se le suma el baj\u00f3n an\u00edmico y psicol\u00f3gico que en cualquier deporte supone no conseguir llegar a la meta perseguida. \u00a1Hay que parar y comer!, pero es dif\u00edcil encontrar un punto de atraque seguro, son muy escasos los claros que deja la densa vegetaci\u00f3n para llegar a tierra firme sin que adem\u00e1s la corriente te arrastre bajo las malezas, sabemos bien que en estas aguas debemos evitar a toda costa situaciones de peligro que pongan en riesgo la estabilidad de la embarcaci\u00f3n. Felizmente y despu\u00e9s de algunas maniobras logramos desembarcar, con los pies en tierra firme y las piraguas seguras fuera de la corriente, sacamos nuestros bocadillos y tranquilamente reponemos fuerzas. Yo, movido por la curiosidad de saber donde nos encontramos intento escapar del cauce y no sin dificultad consigo encaramarme encima de la mota de contenci\u00f3n desde donde observo que estamos justamente detr\u00e1s de \u201cEl Sotillo\u201d, vuelvo a rebobinar en mi memoria pero ya nada me cuadra, lo comento con Juan y ambos nos hacemos la misma pregunta\u2026..\u00bfa tres kil\u00f3metros escasos del puente de And\u00fajar y el J\u00e1ndula sin aparecer\u2026\u2026\u2026\u2026?.<br>El misterio est\u00e1 servido y ya de regreso, empezamos a organizar la pr\u00f3xima expedici\u00f3n que lo desvele. El favor de la corriente nos desplaza a mayor velocidad y con menor esfuerzo, pronto volvemos a entrar en el remanso de la presa, frente a nosotros de nuevo la \u201cPiedra del \u00e1guila\u201d, \u201dHerrero\u201d, \u201d la Cuna\u201d.<br>&nbsp;De regreso en \u201cel puerto\u201d de partida sacando las piraguas del r\u00edo, vencidos pero no derrotados, marcamos la estrategia del pr\u00f3ximo intento. Si el Guadalquivir no nos ha llevado al J\u00e1ndula, sin duda el J\u00e1ndula nos verter\u00e1 con sus aguas en el Guadalquivir.<br>D\u00edas despu\u00e9s, emplazados en la \u201cRopera\u201d, por encima del puente construido sobre el J\u00e1ndula que da acceso a los pagos del \u201cRinc\u00f3n\u201d y \u201cValtocado\u201d, volvemos a la aventura. La flota ya est\u00e1 en el agua y su tripulaci\u00f3n a bordo, la ma\u00f1ana est\u00e1 fresca y la piel\u2026\u2026. \u201cde gallina\u201d, remontamos r\u00edo arriba para tomar contacto con el medio hasta una peque\u00f1a presa de escasa altura por donde saltan las aguas generando una corriente, llegados a este punto hacemos girar nuestras embarcaciones 180\u00ba y sin pensarlo dos veces nos lanzamos rumbo a lo desconocido.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bConducidos por un cauce ancho de id\u00e9nticas caracter\u00edsticas que el del Guadalquivir, que ya hemos descrito, pasamos bajo el puente y lo vamos dejando atr\u00e1s, por delante la gran anchura del r\u00edo nos reafirma en aquella desembocadura que record\u00e1bamos, abierta, amplia\u2026\u2026..; una inmensa zona anegada de agua, un laberinto de canales de escasa profundidad entre islotes poblados de vegetaci\u00f3n por donde naveg\u00e1bamos y se daban encuentro las aguas de ambos r\u00edos hasta el punto de desorientarte y no saber en cu\u00e1l de los dos estabas.<br>Pero a medida que avanzamos esa imagen recordada se difumina, aquella desembocadura apote\u00f3sica que acabo de describir parece cada vez m\u00e1s imposible ante la realidad que aparece frente a nuestros ojos, tras algo m\u00e1s de un kil\u00f3metro recorrido el cauce estrecha espectacularmente y gira hacia la derecha, intuimos que el gran r\u00edo est\u00e1 cerca y por la orientaci\u00f3n se dir\u00eda que discurrimos en paralelo. La situaci\u00f3n se complica, avanzar es cada vez m\u00e1s dif\u00edcil las aguas se pierden entre una selva de mimbreras, \u00e1lamos, higueras\u2026.; aquello es lo m\u00e1s parecido a un manglar pantanoso que no cesa de poner impedimentos a nuestra marcha. Yo que voy el primero, pues mi piragua tiene un dise\u00f1o que permite mayor maniobrabilidad, trato de abrir paso como puedo, partiendo ramas con las manos, metiendo las palas por entre los huecos para impulsarme en el agua, siempre con sumo cuidado de no perderlas, pues esta es la regla de oro del pirag\u00fcismo. Tras discurrir casi medio kil\u00f3metro en estas condiciones la desesperaci\u00f3n hace acto de presencia, en alg\u00fan momento perdemos el contacto visual e incluso los nervios, nos comunicamos a voces maldiciendo aquel r\u00edo que parec\u00eda haberse perdido y nosotros con \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Tan &nbsp;s\u00f3lo la l\u00f3gica que impera en la Naturaleza nos tranquiliza, sab\u00edamos que tarde o temprano, con mayor o menor dificultad ese r\u00edo moribundo nos llevar\u00eda al Guadalquivir\u2026..Y as\u00ed fue, pronto nos vimos fuera de aquel infierno vegetal y en medio de un gran r\u00edo que ya conoc\u00edamos. Hab\u00edamos pasado por este punto el pasado 15 de agosto cuando hicimos el primer intento pero est\u00e1 tan camuflado y entra tan desapercibido que no hay indicio alguno que te haga pensar que aqu\u00ed, despu\u00e9s de abrir brecha entre los granitos y pizarras de Sierra Morena desde la garganta del \u201cHoyo\u201d, pe\u00f1\u00f3n de \u201cAmbrox\u201d, cumbres de \u201cSelladores\u201d,\u2026..y a pesar de los intentos del Hombre por atajarlo en la \u201cLancha\u201d y \u201cEncinarejo\u201d\u2026\u2026.,venga a morir silencioso y humilde, sin hacerse notar, el r\u00edo que baja por esos cerros revoltoso y jovial entre frescas fresnedas y alisedas &nbsp;de \u201cLugar Nuevo\u201d, \u201cValdezorras\u201d, \u201cPuente de hierro\u201d y tantos otros &nbsp;parajes a los que sus fr\u00edas y cristalinas aguas llenan de vida\u2026., nuestro r\u00edo m\u00e1s oriental, \u201cel J\u00e1ndula\u201d.&nbsp;<br>Aqu\u00e9l d\u00eda conseguido nuestro reto y situados ya, como he comentado, en el Guadalquivir decidimos remontarlo hasta el puente de And\u00fajar, no sin antes dejar marcado el lugar por donde volver a entrar en el J\u00e1ndula. Con la incertidumbre de no saber si los obst\u00e1culos que nos hicieron retornar en d\u00edas anteriores seguir\u00edan all\u00ed, alberg\u00e1bamos la esperanza de que no fuera as\u00ed, dado que las tormentas ca\u00eddas en este intervalo de tiempo hab\u00edan aumentado el caudal del r\u00edo y provocado arrastres, lo ve\u00edamos en las orillas que estaban aun m\u00e1s inaccesibles por el sedimento de lodos tras la crecida.<br>Volvimos a pasar por los pilares del puente inacabado del que hubiera sido &nbsp;ferrocarril Marmolejo-Puertollano y all\u00ed entendimos que nuestra memoria nunca nos traicion\u00f3 siempre guard\u00f3 la imagen que vimos en aquellos a\u00f1os de juventud, ahora inexistente.<br>&nbsp;La Naturaleza est\u00e1 viva, evoluciona, el r\u00edo forma parte de ella y en esa evoluci\u00f3n todo se transforma, aparecen unos y desaparecen otros elementos que modifican el paisaje, bien por ley natural o por la mano del Hombre. Las isletas con su laberinto de canales se perdieron, el gran r\u00edo se abri\u00f3 paso transformando aquellas islas en un gran tap\u00f3n de sedimentos que hoy dificulta la desembocadura del J\u00e1ndula y nosotros que navegamos hace m\u00e1s de treinta a\u00f1os por aquel \u201carchipi\u00e9lago fluvial\u201d hoy desaparecido, continuamos ascendiendo hacia And\u00fajar nost\u00e1lgicos de aquellas vistas y desencantados ante el cambio acontecido que no nos permitir\u00e1 volver a disfrutarlas jam\u00e1s, en realidad no se siente lo perdido, sino la parte de tu vida que &nbsp;con ello\u2026, se va.<br>Pronto comenzamos a ver la torre del campanario de la iglesia de San Bartolom\u00e9, aparece sobre el paraje de antiguas huertas aleda\u00f1as a la poblaci\u00f3n &nbsp;que &nbsp;los lugare\u00f1os llaman \u201cla isla\u201d; una preciosa panor\u00e1mica reservada tan solo a quienes acceden a la localidad a trav\u00e9s de esta v\u00eda de comunicaci\u00f3n.&nbsp;<br>Efectivamente, tal y como supon\u00edamos, las tormentas ca\u00eddas hab\u00edan arrastrado el obst\u00e1culo flotante que en d\u00edas anteriores nos hizo dar la vuelta, la ruta estaba despejada y pronto comenzamos a percibir el bullicio y los ruidos que delataban la cercan\u00eda del n\u00facleo urbano, as\u00ed fue, frente a nosotros el puente \u201cromano\u201d de la vecina localidad, desde donde los transe\u00fantes que lo cruzaban dirig\u00edan sus miradas &nbsp;hacia el seno del r\u00edo y es que la imagen de dos pirag\u00fcistas luchando contra la corriente para intentar pasar bajo alguno de sus ojos\u2026\u2026\u2026\u2026 &nbsp;deb\u00eda ser &nbsp;nada habitual. All\u00ed paramos en la orilla satisfechos al fin de haber resuelto el enigma que nos tuvo con el alma en vilo varios d\u00edas y contemplando el viejo puente tomamos un avituallamiento para reponer energ\u00eda.<br>&nbsp;Aunque ya sab\u00edamos que siempre en el viaje de regreso aguas abajo por el Guadalquivir te ayuda la corriente, no se nos iba de la mente el tener que remontar de nuevo por la desembocadura del J\u00e1ndula y atravesar por aquel entramado vegetal impenetrable. El retorno se hizo r\u00e1pido, las piraguas se dejan arrastrar bien por la corriente y a poco que impulses con las palas consigues una velocidad de crucero que te desplaza con rapidez, pronto me vi de nuevo en el punto que dejamos marcado en la misma desembocadura, all\u00ed hube de esperar a Juan unos minutos admirando mientras tanto la frondosidad de la ribera y como su densa vegetaci\u00f3n cobija y oculta al J\u00e1ndula en su agon\u00eda; atravesamos de vuelta aquella selva por la ruta que dejamos abierta, esta vez tranquilos y en silencio, respetando su \u00faltima voluntad:<br>&nbsp;\u201dDejadlo morir en paz\u201d. &nbsp;<br>Aquel d\u00eda abandonamos el lugar con una sensaci\u00f3n agridulce, nos alegraba haber vuelto a repetir la haza\u00f1a tantos a\u00f1os despu\u00e9s, aunque encontrar aquello transformado, tan diferente a lo recordado, nos produjo al mismo tiempo cierta tristeza; pero los cambios hay que asumirlos y comprender que nada ni nadie que est\u00e9 vivo permanece inalterable a lo largo del tiempo; all\u00ed aprendimos que la vida, como las aguas en el r\u00edo, es una corriente de momentos fugaces que se nos escapan de las manos y debemos vivirlos intensamente. Convencidos de ello nos fuimos en busca de nuevas aventuras y remontando aquel r\u00edo que hab\u00edamos visto morir nos esperaban sus embalses; de vuelta a los espacios abiertos, a las aguas tranquilas y profundas.<br>Hora y media navegando por el remanso del \u201cEncinarejo\u201d para toparnos con un imponente muro gran\u00edtico que impresiona, su torre central le da aires de fortaleza inexpugnable, est\u00e1bamos ante la presa de \u201cla Lancha\u201d, tras de s\u00ed un \u201cmar interior\u201d que nos introducir\u00eda en un territorio lejano y salvaje.<br>Es este un embalse que causa respeto, encajado en un angosto y profundo valle hace que cuando accedes a \u00e9l a trav\u00e9s de la pista que viene desde los \u201cEscoriales\u201d y empiezas a descender divisando como sus aguas se adentran entre escarpadas monta\u00f1as de paredes rocosas y verticales que se sumergen en ellas, te aparezca cierto cosquilleo y tembleque en la piernas y sea inevitable aquella expresi\u00f3n de \u201cacojono\u201d:<br>\u201c\u00a1\u00a1Uf!!&#8230;..\u00bfD\u00f3nde nos vamos a meter?\u201d. &nbsp;<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignleft is-resized\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/static.wixstatic.com\/media\/7e23fc_0c46b1ddfa374befbaf0a5813c6f2c17~mv2_d_3072_2304_s_2.jpg\/v1\/fill\/w_478,h_357,al_c,q_80,usm_0.66_1.00_0.01,enc_auto\/b.jpg\" alt=\"b.jpg\" style=\"width:406px;height:auto\"\/><\/figure>\n<\/div>\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignleft is-resized\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/static.wixstatic.com\/media\/7e23fc_b4c0b097246e47a8be8b892892b9d72d~mv2_d_3072_2304_s_2.jpg\/v1\/fill\/w_477,h_357,al_c,q_80,usm_0.66_1.00_0.01,enc_auto\/a.jpg\" alt=\"a.jpg\" style=\"width:403px;height:auto\"\/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>Aquel d\u00eda bien temprano llegamos al lugar, cruzamos la presa y a trav\u00e9s de un t\u00fanel excavado en la monta\u00f1a aleda\u00f1a accedemos al agua; por el nivel embalsado calcul\u00e1bamos una traves\u00eda de alrededor de veinte kil\u00f3metros hasta llegar al final, los mismos que deber\u00edamos navegar de regreso y esto es importante tenerlo en cuenta en este tipo de actividades para no vernos inmersos en situaciones comprometidas, no sab\u00edamos exactamente el tiempo que invertir\u00edamos pero ten\u00edamos claro que para la vuelta deber\u00edamos disponer con luz del d\u00eda, por aquello del cansancio y de que aqu\u00ed no te ayuda la corriente, de al menos una hora m\u00e1s de lo invertido en la ida.<br>&nbsp;Con el firme compromiso de cumplir esta norma y no dejarnos arrastrar por la pasi\u00f3n y el deseo de llegar hasta el final, poniendo de nuevo rumbo hacia el punto de partida llegado el momento en el que Juan, encargado de controlar el tiempo transcurrido, dijera\u2026.. \u00a1hasta aqu\u00ed hemos llegado!, comenzamos a impulsarnos con las palas en las aguas y ponemos en marcha nuestros nav\u00edos. Con precauci\u00f3n nos alejamos del muro que lo dejamos a nuestra derecha, inmediatamente frente a nosotros un estrecho de paredes rocosas en el que a\u00fan no entran los rayos de sol y el viento fresco de la ma\u00f1ana sopla con intensidad queri\u00e9ndonos arrancar las palas de las manos, las olas que provoca rompen contra las proas de nuestras piraguas y nos salpican a la cara, las orillas verticales insin\u00faan la gran profundidad sin darte opci\u00f3n a escapar.<br>&nbsp;Un escalofr\u00edo que recorre nuestros cuerpos nos hace acelerar la marcha, para&nbsp;salvar aquella prueba de fuego, salir de all\u00ed cuanto antes y entrar en el para\u00edso que adivin\u00e1bamos detr\u00e1s; la calma, el remanso, el sol calentando con sus rayos suaves playas paradis\u00edacas &nbsp;en las que sorprend\u00edamos refresc\u00e1ndose a algunos habitantes del lugar, ciervos, muflones, zorros\u2026\u2026\u2026. Qued\u00e1bamos admirados observando c\u00f3mo algunos ejemplares de grandes cornamentas, sin miedo alguno se lanzaban al agua delante de nuestras proas y sin dadnos opci\u00f3n a alcanzarlos atravesaban nadando de una orilla a otra en un alarde de poder\u00edo y dominio del territorio.<\/p>\n\n\n\n<p>Poco a poco, navegando por aquel escenario fant\u00e1stico contemplando aquella secuencia de escenas espectaculares que se reproduc\u00edan ante nuestros ojos en cada giro de nuestro rumbo, nos \u00edbamos acercando al final. Hab\u00edamos dejado atr\u00e1s el arroyo de \u201cCabeza parda\u201d que entra al embalse por una garganta profunda y estrecha dejando caer sus aguas, cuando las trae, en chorro formando cascada digna de contemplarse. Aguas arriba, con las cumbres de \u201cSelladores\u201d cada vez m\u00e1s cercanas, el r\u00edo zigzaguea en numerosas curvas y va perdiendo anchura, pero, a diferencia del \u201cYeguas\u201d no existe un desnivel brusco en su cauce que lo deje seco, suavemente tras un \u00faltimo giro a la izquierda llegamos a un punto donde el nivel de las aguas no permite la navegaci\u00f3n, est\u00e1bamos junto al pe\u00f1\u00f3n de \u201cAmbrox\u201d, despu\u00e9s de cinco horas &nbsp;de traves\u00eda lo hab\u00edamos conseguido, de no haber sido por la sequ\u00eda estival hubi\u00e9ramos ascendido unos tres kil\u00f3metros m\u00e1s, tal vez hasta el puente de las manzanas, pero eso ser\u00e1 en otra ocasi\u00f3n, cuando haya llovido y vuelva la primavera.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bAquel fue un d\u00eda caluroso de finales de septiembre, antes de retornar &nbsp;comimos unos bocadillos frente a aquella mole de piedra llamada \u201cAmbrox\u201d que conoc\u00edamos de o\u00eddas, \u00a1all\u00ed estaba!, parec\u00eda haber estado esper\u00e1ndonos toda la vida.<br>D\u00edas m\u00e1s tarde con ocasi\u00f3n de un viaje de trabajo a Sanl\u00facar, en un receso en las tareas tuve ocasi\u00f3n de navegar, con piragua de alquiler, junto a unos amigos por el Guadalquivir; record\u00e9 las aventuras vividas durante &nbsp;el verano en sus aguas de tierra adentro y all\u00ed en su desembocadura, entre Sanl\u00facar de Barrameda y &nbsp;Do\u00f1ana con el Oc\u00e9ano al fondo sent\u00ed la presencia de nuestros r\u00edos, sus aguas &nbsp;me susurraban aquella vieja canci\u00f3n &nbsp;que dec\u00eda:<br>\u201dT\u00fa que puedes vu\u00e9lvete, me dijo el r\u00edo llorando.<br>&nbsp;Los montes que tanto quieres, me dijo,<br>&nbsp;all\u00e1 te est\u00e1n esperando\u201d.<br>&nbsp;A\u00f1or\u00e9 aquellas monta\u00f1as de Madrona, las Morenas, Ambrox, Selladores\u2026\u2026\u2026que los vieron nacer y recordando los versos de Jorge Manrique en \u201ccoplas por la muerte de su padre\u201d, pens\u00e9, \u00a1no hay retorno posible!, pues &nbsp;tambi\u00e9n\u2026\u2026\u2026\u2026<strong>&nbsp;\u201c Nuestras vidas son los r\u00edos que van a dar en la mar\u201d.<\/strong><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignleft is-resized\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/static.wixstatic.com\/media\/7e23fc_bf73af4d804c4c378a4b42a82c6f43dd~mv2_d_3072_2304_s_2.jpg\/v1\/fill\/w_447,h_334,al_c,q_80,usm_0.66_1.00_0.01,enc_auto\/12.jpg\" alt=\"12.jpg\" style=\"width:383px;height:auto\"\/><\/figure>\n<\/div>\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignleft is-resized\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/static.wixstatic.com\/media\/7e23fc_e580fda34ab34b649a8e749317894fff~mv2_d_3072_2048_s_2.jpg\/v1\/fill\/w_504,h_334,al_c,q_80,usm_0.66_1.00_0.01,enc_auto\/13.jpg\" alt=\"13.jpg\" style=\"width:429px;height:auto\"\/><\/figure>\n<\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>-Javier Perales Sol\u00eds- Los r\u00edos son como las personas\u2026.., nacen, crecen, son \u00fatiles a las sociedades de su entorno y mueren; 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