{"id":383,"date":"2023-10-16T14:23:56","date_gmt":"2023-10-16T14:23:56","guid":{"rendered":"https:\/\/lugardemarmolejo.es\/?page_id=383"},"modified":"2023-11-02T17:22:10","modified_gmt":"2023-11-02T17:22:10","slug":"narraciones-populares-marmolejenas","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/lugardemarmolejo.es\/?page_id=383","title":{"rendered":"Narraciones populares marmoleje\u00f1as"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>&#8211;&nbsp;Sobre apuntes de Alfonso Merino G\u00f3mez (1)-<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\ufeffLas tabernas y los tajos fueron un excelente lugar para difundir los chascarrillos o \u201csucedidos\u201d ocurridos en la villa y que a fuerza de ser contados acababan incorpor\u00e1ndose al patrimonio de la cultura popular aunque, en nuestros d\u00edas, hayan quedado en el olvido. Pretendo recuperar cuatro&nbsp; historias reales que ocurrieron en nuestra&nbsp; localidad y que, con los a\u00f1os, se fueron transmitiendo de boca en boca de padres a hijos. La m\u00e1s lejana de todas ellas en el tiempo hace referencia a las bromas que se gastaban dos conocidos personajes marmoleje\u00f1os, a la saz\u00f3n buenos amigos, Joaqu\u00edn \u201cZorrero\u201d y Juanico Blanca. Las transcribo tal como me fueron contadas por ser un patrimonio de nuestra cultura popular que deber\u00edamos de incorporar para preservar y transmitir a futuras generaciones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u200b<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>\u201cJoaqu\u00edn Zorrero y Juanico Blanca\u201d:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Joaqu\u00edn \u201cZorrero\u201d coment\u00f3 un d\u00eda confidencialmente a su amigo Blanca en la taberna, que estaba considerando la posibilidad de hacer unas mejoras en su vivienda, gracias a unos ahorrillos de que dispon\u00eda, cifrados en 5 duros que guardaba celosamente dentro de una petaca, en el caj\u00f3n de la c\u00f3moda de su casa de las Vistillas, ya que por aquellos tiempos esa era la costumbre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;Al d\u00eda siguiente sali\u00f3 Juanico Blanca a dar su jornal al campo y por el camino del Cerro vi\u00f3 venir a un arriero de Arjonilla que ven\u00eda con los borricos cargados de ladrillos para vender por las calles de Marmolejo. Sin pens\u00e1rselo dos veces le di\u00f3 al arriero las siguientes instrucciones: \u201c-Va a ir usted a la casa n\u00famero 5 de la calle de Las Vistillas, descargue all\u00ed los ladrillos y le dice a mi mujer que en el caj\u00f3n de la c\u00f3moda hay una petaca y dentro de la petaca 5 duros\u201d. As\u00ed lo hizo aquel arjonillero. Lleg\u00f3 a las Vistillas a la casa que le hab\u00eda sido indicada. En la puerta la mujer de \u201cZorrero\u201d se dispon\u00eda a barrer la acera en ese mismo momento. \u2013\u201cSe\u00f1ora, \u00a1es usted la mujer de Joaqu\u00edn?\u201d, -dijo el arriero.-\u201cSi se\u00f1or, -contest\u00f3 ella-\u201c. \u2013\u201cPues de parte de su marido voy a dejar aqu\u00ed estos ladrillos pues ha pensado hacer obra en la casa\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u200b<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp; La mujer sofocada contest\u00f3: -\u00a1Ay Dios m\u00edo, mi marido se ha vuelto loco!&#8230;!Pero \u00bfcon qu\u00e9 dinero le voy a pagar \u00e9sto?!. \u2013\u201cNo se preocupe se\u00f1ora; su marido me ha dicho que vaya a la c\u00f3moda y dentro de ella hay una petaca y en la petaca cinco duros\u201d. Y efectivamente, all\u00ed estaba el dinero con el que aquella mujer pag\u00f3 diligentemente, pero con m\u00e1s pena que gloria a aquel sorprendido arriero.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\ufeff<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\ufeffContinu\u00f3 aquella broma pues Zorrero, no conforme, pens\u00f3 en como tomarse la revancha y lo hizo, seg\u00fan se cuenta, con la buena pata y el estilo correcto de dos personas que se aprecian. Por lo que, al cabo del tiempo, olvidada ya la pesada broma, cont\u00f3 Juanico Blanca a su compa\u00f1ero del alma, que se hab\u00eda comprado un sombrero de \u201cala ancha\u201d en la feria de C\u00f3rdoba, que le ven\u00eda algo grande y&nbsp; hab\u00eda pensado quitarle un dedo de vuelo. Tanto era as\u00ed que hasta que no lo recortase le daba cierta verg\u00fcenza estrenarlo. Tom\u00f3 buena nota de ello su amigo y un buen d\u00eda que por la calle vio venir a un sombrerero de los que arreglaban sombreros, o los hac\u00edan a medida, le abord\u00f3 y le dijo: \u201cMire usted: me he comprado un sombrero que me queda algo grande. \u2013\u201cSer\u00eda tan amable de pasar por mi casa (le dio la direcci\u00f3n de Juanico Blanca) y decirle a mi mujer que le d\u00e9 el sombrero que compr\u00e9 en la feria de C\u00f3rdoba. -Qu\u00edtele usted unos tres dedos de vuelo\u201d. As\u00ed lo hizo aquel sombrerero que qued\u00f3 sorprendido al comprobar que aquella prenda con el encargo dado se hab\u00eda quedado convertida, de pronto, en un rid\u00edculo bomb\u00edn\u201d.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignleft is-resized\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/static.wixstatic.com\/media\/7e23fc_2112d45181dbc6205e5e58d15fd65b0d.jpg\/v1\/fill\/w_396,h_446,al_c,q_80,usm_0.66_1.00_0.01,enc_auto\/7e23fc_2112d45181dbc6205e5e58d15fd65b0d.jpg\" alt=\"\" style=\"aspect-ratio:0.8878923766816144;width:381px;height:auto\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\"><strong>El marmoleje\u00f1o Alfonso Merino G\u00f3mez (n. 1921-m.2008). Nuestros mayores fueron, casi siempre, el mejor veh\u00edculo de transmisi\u00f3n de nuestra cultura oral y de muchas de las expresiones populares creadas a lo largo de los tiempos por los\/as marmoleje\u00f1os\/as que nos precedieron. Foto: Antonia Merino Jurado.<\/strong><\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;Las bromas de estos dos buenos amigos prosiguieron en el tiempo pero curiosamente nunca fueron motivo para que surgieran desencuentros ni desavenencias insalvables porque finalmente siempre se impon\u00eda la concordia y el buen talante entre ellos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\ufeff<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>\u201cEl\u00a0 joven que fue a Granada\u201d:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hace ya muchos a\u00f1os, m\u00e1s de cien, un joven de Marmolejo, hijo de un pr\u00f3spero ganadero, tuvo que ir a Granada para llevar un reba\u00f1o de ovejas. En aquellos tiempos estos desplazamientos se realizaban a pie a trav\u00e9s de viejas ca\u00f1adas o caminos de carne. El joven, escasamente acostumbrado a salir de su pueblo, y con cierta tendencia a la fanfarroner\u00eda, recibi\u00f3 el encargo de su padre de llevar hacia aquellas tierras, en compa\u00f1\u00eda de un pastor, m\u00e1s de doscientas ovejas que habr\u00edan de pastar durante&nbsp; los meses de verano.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\ufeffEra la primera vez que el muchacho iba a salir a un lugar tan distante y alejado de su casa, pero, a\u00fan as\u00ed, estaba muy ilusionado por realizar aquel largo viaje, pues jam\u00e1s hab\u00eda visitado una ciudad con los atractivos y encantos de Granada, de la que le hab\u00edan referido aut\u00e9nticas maravillas otros viejos pastores&nbsp; marmoleje\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\ufeffDespu\u00e9s de haber realizado el encargo del anciano padre, el muchacho regres\u00f3 a Marmolejo, y&nbsp; altamente impresionado por lo que hab\u00eda tenido ocasi\u00f3n de presenciar, no paraba de dar explicaciones a los vecinos y amigos que por las calles se encontraba. Incluso parec\u00eda tener afectada la cabeza, pues no recordaba, siquiera, que su casa estaba en la calle Nueva. Tuvo que preguntarle a un vecino de esa calle que \u00bfpor d\u00f3nde viv\u00edan sus padres?, pues al parecer, o se le hab\u00eda olvidado, o se hac\u00eda el despistado para darles la impresi\u00f3n de que su ausencia hab\u00eda durado mucho m\u00e1s tiempo.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter is-resized\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/static.wixstatic.com\/media\/7e23fc_b8addd96129803a662088a5019ff5382.jpg\/v1\/fill\/w_956,h_266,al_c,q_80,usm_0.66_1.00_0.01,enc_auto\/7e23fc_b8addd96129803a662088a5019ff5382.jpg\" alt=\"\" style=\"aspect-ratio:3.593984962406015;width:834px;height:auto\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\"><strong>&nbsp;Marmolejo desde La Careuela. Fuente: Manuel Perales<\/strong><\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;Todo lo que relataba a sus vecinos eran referencias maravillosas y sorprendentes de la ciudad de la Alhambra. Un d\u00eda que se encontraba en \u201cEl Losao\u201d, compartiendo conversaci\u00f3n con varios jornaleros que buscaban trabajo, intent\u00f3 sorprenderles con las siguientes disertaciones: \u201cGranada est\u00e1 muy lejos, que en el andar no hay enga\u00f1o; por las noches no hay estrellas, y se alumbran con un garrote\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\ufeff<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp; Las conclusiones a las que hab\u00eda llegado el joven ganadero tardaban en ser entendidas por sus paisanos que no daban con el mensaje impl\u00edcito en aquella parrafada. Fue finalmente su padre, hombre honrado y cabal, quien desvelar\u00eda las claves de tan misteriosa frase, ante el asombro de los presentes: la lejan\u00eda de Granada quedaba fuera de dudas pues el viaje se realizaba andando por penosas trochas y ca\u00f1adas y duraba varias jornadas. La ausencia de estrellas durante las noches se deb\u00eda a que en los d\u00edas que el muchacho visit\u00f3 la ciudad, al parecer el tiempo era nublado y lluvioso. Por \u00faltimo, y m\u00e1s sorprendente si cabe, lo de alumbrarse con un garrote, se explicaba por la forma con que los operarios municipales encend\u00edan las farolas, es decir sirvi\u00e9ndose de un palo largo al final de cual pend\u00eda una mecha.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\ufeff<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>\u201cEl apego al trabajo\u201d:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una vez mand\u00f3 un hombre a dos jornaleros a limpiar un campo de avena plagado de malas hierbas en el pago de Ribera. Como parece ser que&nbsp; no eran de los valientes para trabajar, nada m\u00e1s llegar al lugar indicado por el due\u00f1o, comenzaron a observar la situaci\u00f3n de aquel sembrado. Al comprobar lo laborioso que les iba a resultar dejarlo limpio de tantas malas hierbas convinieron en no hacer nada, dando as\u00ed por terminada aquella jornada tras de obtener unas sabias conclusiones sobre los diferentes tipos de hierbas de aquel terreno. El m\u00e1s mayor de los tres coment\u00f3: -\u201cveamos: la pamplina, \u201cpa\u201d la gallina; la albejana, pa la marrana; la avena \u201cpa\u201d paja es buena; el carret\u00f3n \u201cpa\u201d el lech\u00f3n, y el vallico, \u201cpa\u201d el borrico. As\u00ed es que -dijeron- aqu\u00ed somos nosotros los que estamos sobrando\u201d. Y al momento se marcharon para su casa dando por concluida la jornada pensando que acababan de hacer un favor impagable al due\u00f1o de la tierra. Pero aquel sorprendido propietario hubo de mandar a nuevos jornaleros ya que ni dispon\u00eda de marrana, ni de lech\u00f3n, ni tampoco de borrico.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter is-resized\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/static.wixstatic.com\/media\/7e23fc_724128f2424810964c43931e8fc71c5c.jpg\/v1\/fill\/w_956,h_291,al_c,q_80,usm_0.66_1.00_0.01,enc_auto\/7e23fc_724128f2424810964c43931e8fc71c5c.jpg\" alt=\"\" style=\"aspect-ratio:3.2852233676975944;width:831px;height:auto\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\"><strong>&nbsp;Marmolejo desde el pago de Herrero. Fuente: Manuel Perales<\/strong><\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;\u201cLas bellotas de la Dehesa del Rinc\u00f3n\u201d<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Corr\u00eda el a\u00f1o de 1945 cuando un buen d\u00eda de noviembre el marmoleje\u00f1o Alfonso Merino G\u00f3mez decidi\u00f3 ir bien temprano a coger unas bellotas a la Dehesa del Rinc\u00f3n, cerca de la finca de Valtocao y de la desembocadura del J\u00e1ndula. Le acompa\u00f1ar\u00eda su amigo Andr\u00e9s \u201cEl de la Sierra\u201d, cu\u00f1ado de Pedro \u201cPotrica\u201d, el hijo de los caseros de Valtocao. Cruzaron el Guadalquivir por la barca de Valtocao e inmediatamente se adentraron en Sierra Morena.<br>En esos d\u00edas, el joven Alfonso, disfrutaba de un permiso de su capit\u00e1n, pues estaba haciendo la milicia en el cuartel de Artiller\u00eda de C\u00f3rdoba y aprovechaba dichos permisos para ayudarle a su padre en las tareas del campo. Eran malos tiempos; el hambre asolaba la Andaluc\u00eda de la Postguerra y cualquier ayuda a la familia siempre llegaba como man\u00e1 ca\u00eddo del cielo, aunque&nbsp;Carlos Merino, el padre, disfrutaba de cierta solvencia fruto del peque\u00f1o patrimonio conseguido con muchos de esfuerzos y sacrificios a lo largo de su vida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\ufeffPara la vuelta al cuartel, Alfonso hab\u00eda prometido a su brigada y a un compa\u00f1ero de Arjonilla, muy devoto de la Virgen de la Cabeza, que les llevar\u00eda unas curiosas bellotas de unos viejos chaparros de la Dehesa del Rinc\u00f3n, con la forma de la venerada imagen.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp; Inesperadamente en el camino hacia la Dehesa, anta\u00f1o propiedad del&nbsp;Marqu\u00e9s del Cerro, les salieron al paso unos guardias civiles que, al confundirlos con gentes que iban a robar bellotas, los detuvieron y se los llevaron hacia la caser\u00eda para interrogarles. Al verlos venir el casero del Rinc\u00f3n, intuyendo lo que pasaba, acudi\u00f3 presto y desde el primer momento intent\u00f3 persuadir a los guardias de que los j\u00f3venes en cuesti\u00f3n no ten\u00edan aspecto de ser ladrones de bellotas, pues ni siquiera sus atuendos eran&nbsp; los que frecuentaban las gentes de la sierra y que a lo que iban era a por bellotas de la imagen de la Virgen de la Cabeza.&nbsp; Efectivamente, los muchachos s\u00f3lo llevaban una taleguilla para 10 \u00f3 15 kilos de bellotas, cuando lo habitual era robarlas en sacos de m\u00e1s de 30 a 40 kilos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\ufeffO\u00eddas las consideraciones de aquel hombre los guardias dejaron en paz a los j\u00f3venes aunque con la condici\u00f3n de que se volvieran para el pueblo. Como vio el casero que se iban a ir de vac\u00edo, cuando los guardias se alejaron del lugar, les regal\u00f3 unas bellotas cogidas de aquellos&nbsp; chaparros que manten\u00eda celosamente guardadas en una canasta que pend\u00eda del techo de la cocina.&nbsp; Definitivamente a su vuelta al cuartel, Alfonso, le entreg\u00f3 las bellotas a su amigo arjonillero, el cual maravillado, qued\u00f3 eternamente agradecido por tan preciado regalo.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignleft is-resized\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/static.wixstatic.com\/media\/7e23fc_e4f50a7a3f1e1657fd42a16b2592f053.jpg\/v1\/fill\/w_396,h_576,al_c,q_80,usm_0.66_1.00_0.01,enc_auto\/7e23fc_e4f50a7a3f1e1657fd42a16b2592f053.jpg\" alt=\"\" style=\"aspect-ratio:0.6875;width:364px;height:auto\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\"><strong>Portada del libro sobre&nbsp; Catalina \u201cLa Sabia\u201d, recientemente publicado por el escritor montore\u00f1o Jos\u00e9 Ortiz Garc\u00eda. Fuente: Jos\u00e9 Ortiz Garc\u00eda.<\/strong><\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>\u00a0\u201cEl sapo de la Botija\u201d(2):<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp; El suceso del Sapo de la botija me fue contado por Alfonso Merino G\u00f3mez, pero recientemente lo he visto reflejado en el libro que sobre Catalina Alanzabes Pav\u00f3n \u201cLa Sabia de Montoro\u201d, ha publicado el montore\u00f1o Jos\u00e9 Ortiz Garc\u00eda. A su narraci\u00f3n me he ce\u00f1ido pues en nada difiere a la trasmitida por Alfonso. Evidentemente este suceso se ve que transcendi\u00f3 los l\u00edmites geogr\u00e1ficos montore\u00f1os y fue muy comentado tambi\u00e9n entre nuestra gente del campo, a menudo, asidua visitante de Catalina en el popular barrio montore\u00f1o del Retamar.<br>\u201cCuenta nuestro querido Juan F. Cepas, que existi\u00f3 un hombre que le cont\u00f3 una historia personal que le ocurri\u00f3 cuando era joven y sal\u00eda a quitar las sierpes de los olivares de la sierra. Este hombre llevaba varias semanas con fiebres altas, v\u00f3mitos y diarreas que no cesaban, y una ma\u00f1ana al pasar por el Puente Mayor para ir a trabajar como cualquier d\u00eda observ\u00f3 que, adem\u00e1s de los malestares que sobrellevaba, el pelo comenzaba a ca\u00e9rsele abundantemente.<br>&nbsp; En ese momento le coment\u00f3 a sus compa\u00f1eros&nbsp; que iba a visitar a Catalina, y que siguieran sin \u00e9l porque se encontraba muy fatigado. En esa hora, y ajena a este se\u00f1or, nuestra Sabia se hallaba en el patio de su casa hablando con una de sus vecinas, cuando interrumpi\u00f3 la conversaci\u00f3n diciendo: -Hay un hombre en el puente que viene hacia aqu\u00ed, y no sabe que la medicina la tiene en su propia casa-.<br>No tard\u00f3 ni cinco minutos cuando se present\u00f3 en el zagu\u00e1n de su casa este joven, que de inmediato comenz\u00f3 a exponerle el caso. Tras escucharlo con atenci\u00f3n le sugiri\u00f3 que si quer\u00eda erradicar con el mal que padec\u00eda, fuese a su cortijo y rompiese el botijo de beber que llenaba con el agua del pozo, ya que dentro se hallaba el origen de su enfermedad. Ni corto ni perezoso se dirigi\u00f3 a su hacienda quebrando el b\u00facaro contra el suelo, encontrando en su interior un sapo.<br>Para evitar este tipo de incidentes en las zonas donde se usan con frecuencia botijos en el verano, la parte de la boca se tapaba con una funda realizada de crochet o ganchillo, un tap\u00f3n de corcho, o una cobija de tela de cualquier prenda inservible. Incluso en algunos lugares llegan a taparse los pitorros por donde sale el agua con tapones alargados de madera que en la antig\u00fcedad los hombres tallaban a navaja\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;<strong>Notas<\/strong>:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">(1)&nbsp; Narraciones transmitidas por el marmoleje\u00f1o Alfonso Merino G\u00f3mez (n. 1921-m. 2008), trabajador eventual del campo durante muchos a\u00f1os en la casa de Juan D\u00edaz Criado&nbsp; \u201cEl aviador\u201d. Tambi\u00e9n fue mulero,&nbsp; hortelano&nbsp; y aceitunero.<br>(2) Relato extra\u00eddo del libro \u201cCatalina Alanzabes Pav\u00f3n \u201cLa Sabia\u201d. Autor: Jos\u00e9 Ortiz Garc\u00eda; editado por el autor. Montoro, a\u00f1o 2012.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&#8211;&nbsp;Sobre apuntes de Alfonso Merino G\u00f3mez (1)- \ufeffLas tabernas y los tajos fueron un excelente lugar para difundir los chascarrillos o \u201csucedidos\u201d ocurridos en la villa y que a fuerza de ser contados acababan incorpor\u00e1ndose al patrimonio de la cultura popular aunque, en nuestros d\u00edas, hayan quedado en el olvido. 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