{"id":381,"date":"2023-10-16T14:22:06","date_gmt":"2023-10-16T14:22:06","guid":{"rendered":"https:\/\/lugardemarmolejo.es\/?page_id=381"},"modified":"2023-10-16T14:22:06","modified_gmt":"2023-10-16T14:22:06","slug":"leyendas-populares-marmolejenas-la-leyenda-de-la-nina-del-barranquillo-siglo-xviii","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/lugardemarmolejo.es\/?page_id=381","title":{"rendered":"Leyendas populares marmoleje\u00f1as: La leyenda de la ni\u00f1a del Barranquillo (siglo XVIII)"},"content":{"rendered":"\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><strong>-Manuel Perales Sol\u00eds-<\/strong><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignleft is-resized\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/static.wixstatic.com\/media\/7e23fc_6ea0f2fdd590c92b740789ca5b8f1a91.jpg\/v1\/fill\/w_531,h_351,al_c,q_80,usm_0.66_1.00_0.01,enc_auto\/7e23fc_6ea0f2fdd590c92b740789ca5b8f1a91.jpg\" alt=\"\" style=\"aspect-ratio:1.5128205128205128;width:507px;height:auto\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\"><strong>El olivar serrano fue lugar propicio para el surgimiento de muchas leyendas populares.\u00a0 Foto: Marmolejo desde el pago de Aguilera. Fuente: Manuel Perales Sol\u00eds.<\/strong><\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>El Barranquillo fue durante el siglo XVIII y XIX, una caser\u00eda&nbsp; pr\u00f3xima&nbsp; al r\u00edo Yeguas, ubicada en el arranque de la ca\u00f1ada&nbsp; donde nace el arroyo de los Caros, muy pr\u00f3xima, por tanto, a la carretera de Carde\u00f1a y a la hacienda de La Campana. La finca&nbsp; era del marqu\u00e9s de Gra\u00f1ina y conde de G\u00f3mara, tambi\u00e9n due\u00f1o de La Campana por aquellos a\u00f1os y se extend\u00eda desde dicha carretera&nbsp; hasta&nbsp; las cercan\u00edas del Yeguas en la zona de los Menchones del Ca\u00f1uelo. En la d\u00e9cada de los sesenta del pasado siglo, a\u00fan quedaban las ruinas de un viejo caser\u00f3n de aspecto rom\u00e1ntico donde f\u00e1cilmente se intu\u00edan las b\u00f3vedas derruidas de su capilla&nbsp; y la torre de su viejo&nbsp; molino construida a base de sillares de piedra molinaza como elemento de contrapeso para la viga de prensado de los capachos.<br>&nbsp; Hoy d\u00eda, sorprendentemente, no queda rastro alguno de su existencia, pero s\u00ed conservamos la narraci\u00f3n de un hecho legendario que escuch\u00e9 de mis mayores, ocurrido en esos parajes, cuando la caser\u00eda conoc\u00eda sus mejores tiempos y en ella se albergaban las cuadrillas de jornaleros ocupadas durante los inviernos en las faenas de recolecci\u00f3n de las aceitunas. Dice as\u00ed:<\/p>\n\n\n\n<p>\ufeff\u201cEran tiempos antiguos en los que el ingenio humano a\u00fan no hab\u00eda ideado la luz el\u00e9ctrica, ni siquiera el motor de combusti\u00f3n.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Los d\u00edas discurr\u00edan entre los trabajos de recolecci\u00f3n con&nbsp; jornadas laborales casi interminables y las noches, fr\u00edas y penosas, inundaban desde muy temprano el paisaje olivarero de la serran\u00eda con una oscuridad plena, s\u00f3lo salpicada de las tenues lucecitas que los candiles de un sinf\u00edn de casillas y caser\u00edas proyectaban a trav\u00e9s de los ventanales, conformando una estampa similar a la de los belenes navide\u00f1os.<br>&nbsp; En ese ambiente de sosiego vespertino, la hija m\u00e1s peque\u00f1a de los caseros, fue a perderse la tarde del d\u00eda de Nochebuena entre los olivares lejanos a la caser\u00eda cuando, en compa\u00f1\u00eda de sus padres, regresaba del tajo quiz\u00e1s aturdida y confusa por la densa niebla que inundaba a esas horas la ca\u00f1ada de los Caros.<\/p>\n\n\n\n<p>\ufeffCuando la noche invadi\u00f3 de veras los campos, los padres empezaron a mostrar preocupaci\u00f3n al comprobar que la peque\u00f1a no regresaba. Entonces, sin m\u00e1s dilaciones, iniciaron su b\u00fasqueda por aquellos pagos ayudados de los candiles y de las dem\u00e1s familias aceituneras alojadas en la caser\u00eda que voluntariamente se ofrecieron. Acudieron tambi\u00e9n en su ayuda los aceituneros de la Campana, de la Herradura y de Los Caros, pero d\u00eda tras d\u00eda, noche tras noche, resultaba infructuosa su b\u00fasqueda. Cada minuto crec\u00eda la congoja de todas aquellas buenas gentes, sobre todo cuando a la ca\u00edda de cada&nbsp; tarde los aullidos de lobos y de otras alima\u00f1as de la serran\u00eda cercana, hac\u00edan perder en ellos la esperanza de encontrarla&nbsp; con vida.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pasaron siete d\u00edas y siete noches y he aqu\u00ed que una ma\u00f1ana muy temprano, y antes de encomendarse los aceituneros a sus tareas cotidianas, vieron acercarse un bulto peque\u00f1ito, entre la niebla, con direcci\u00f3n hacia la casa. Los caseros, Jos\u00e9 y Ana Mar\u00eda, sorprendidos, fijaron su mirada en aquella figura difusa, resultando ser la viva imagen de la ni\u00f1a que inexplicablemente regresaba, sin que su aspecto presentara rasgos de haber sufrido padecimiento alguno.<\/p>\n\n\n\n<p>\ufeffMuy pronto cundi\u00f3 la alegr\u00eda y el regocijo, y corri\u00f3, de boca en boca, el aguardiente, las tortas de aceite, los pesti\u00f1os y los roscos de vino, celebrando todos juntos el feliz acontecimiento del regreso de la hija m\u00e1s peque\u00f1a de los caseros.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp; Enseguida una duda surgi\u00f3 en las mentes de aquella humilde gente: \u00bfc\u00f3mo habr\u00eda podido un ser tan fr\u00e1gil e indefenso sobrevivir a los peligros de la noche y al fr\u00edo intenso de un&nbsp; invierno tan crudo donde las escarchas blanqueaban los campos hasta m\u00e1s all\u00e1 del mediod\u00eda?.<br>&nbsp;&nbsp; La ni\u00f1a cuando empez\u00f3 a contar lo ocurrido solo pudo recordar&nbsp; que una buena se\u00f1ora, amable y acogedora, la estuvo cuidando, noche y d\u00eda, resguard\u00e1ndola del fr\u00edo intenso bajo un bello manto de terciopelo, y cuando necesit\u00f3 alimento se lo proporcion\u00f3 al instante.<\/p>\n\n\n\n<p>\ufeffObviamente aquella se\u00f1ora nadie pudo verla en los d\u00edas posteriores al suceso. Ni tampoco las gentes de los contornos consiguieron&nbsp; darle una explicaci\u00f3n coherente a lo narrado por la ni\u00f1a. Sorprendentemente, unos d\u00edas m\u00e1s tarde, los aceituneros se percataron de que un viejo olivo de la ca\u00f1ada de los Caros, poco dado a dar frutos en abundancia, presentaba aquel a\u00f1o un aspecto ins\u00f3lito por la gran carga de aceitunas que soportaba. Al momento la ni\u00f1a reconoci\u00f3 en aquel olivo, el sitio donde hab\u00eda pasado aquellos d\u00edas con la misteriosa se\u00f1ora.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp; Dicen los antiguos que aquel viejo injertal ya no dej\u00f3 de proporcionar abundantes frutos en los a\u00f1os posteriores a tan milagroso suceso y que desde entonces, las cuadrillas de aceituneros siguen escuchado, a la ca\u00edda de tarde, la tenue y dulce vocecita de aquella ni\u00f1a llamando a sus padres, confundida entre los cantos de los mochuelos y los susurros de las lechuzas\u201d.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter is-resized\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/static.wixstatic.com\/media\/7e23fc_598fafcddd69ec4a05047410052f85df.jpg\/v1\/fill\/w_956,h_466,al_c,q_85,usm_0.66_1.00_0.01,enc_auto\/7e23fc_598fafcddd69ec4a05047410052f85df.jpg\" alt=\"\" style=\"aspect-ratio:2.051502145922747;width:810px;height:auto\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\"><strong>\u00a0Marmolejo desde el pago de La Cuna. Fuente: Manuel Perales Sol\u00eds.<\/strong><\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>\ufeff<\/p>\n\n\n\n<p>Evidentemente las leyendas formaron parte del acerbo cultural de la gente del campo en una \u00e9poca todav\u00eda preindustrial donde el peso de las actividades agr\u00edcola-ganaderas en la econom\u00eda de los pueblos era del todo determinante. Conten\u00edan muchas de estas leyendas elementos ficticios, a menudo sobrenaturales, transmitidos de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n, desde \u00e9pocas remotas, con claros fines pedag\u00f3gicos y moralizantes. Suelen incluir milagros percibidos como sucesos reales pero que se encuentran enmarcados dentro del adoctrinamiento tradicional con el fin \u00faltimo de afianzar el status de predominio ideol\u00f3gico de los poderes c\u00edvico-religiosos sobre la base social del lugar donde la leyenda se origina.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp; Sabemos que el momento de contarlas era con la noche ya cerrada, cuando las cuadrillas se agrupaban&nbsp; en torno al calor de las lumbres de las caser\u00edas. Era entonces la oportunidad para que los m\u00e1s viejos trasmitiesen sus conocimientos y sus experiencias vitales, a j\u00f3venes y ni\u00f1os, permitiendo con ello, quiz\u00e1s de manera inconsciente, la transmisi\u00f3n a la posteridad de los elementos m\u00e1s genuinos de la cultura popular.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>-Manuel Perales Sol\u00eds- El Barranquillo fue durante el siglo XVIII y XIX, una caser\u00eda&nbsp; pr\u00f3xima&nbsp; al r\u00edo Yeguas, ubicada en el arranque de la ca\u00f1ada&nbsp; donde nace el arroyo de los Caros, muy pr\u00f3xima, por tanto, a la carretera de Carde\u00f1a y a la hacienda de La Campana. 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